jueves, 24 de noviembre de 2011
The great pretender
Por darme el gustazo de revisitarlas, y por ponerme un reto con el que procrastinar aún más hoy (sí, debería estar trabajando), me permito elaborar, cual protagonista de High Fidelity, las 5 canciones de Queen que me apetece escuchar esta noche por orden cronológico (y vale que muchas son de May, pero no hubieran valido un pimiento si no las hubiera cantado Mercury) en memoria del más grande, que voló, con las alas de mariposa que llevaba pintadas en el alma, hace hoy veinte años, dejándonos una leyenda y un gusto agriamargodulce en la boca del estómago.
1. Keep yourself alive (Decora, como típica frase que se coloca para demostrar que eres muy culto y leído y has seguido a los clásicos durante tus estudios, la primera página de mi tesis doctoral)
2. Bohemian Rhapsody (La mejor, sin duda)
3. Somebody to love
4. Don't stop me now
5. The show must go on (Qué remedio!)
Y una de regalo, que, aunque es una versión, ilustra perfectamente la personalidad (dicen) del genio.
Bis. The great pretender.
Cuando alguien te pone los pelos de punta tantos años después de desintegrarse, significa que la muerte no existe.
martes, 15 de marzo de 2011
Mensaje del Hombre Feliz
Como me quedo sin palabras, hago mías las del Hombre Feliz, que nada tienen que ver con los mercados y todo con el orgullo de su pueblo:
For all the people who live in Japan, whether they are Japanese or not, whether they are affected directly or indirectly, it is a challenged time. I believe they will prevail over this crisis as they have done many times in history. It is heart-breaking to watch as personal stories are being unraveled. My hearts are with those who have experienced great loss. The world is watching you, Japan. Hang on!
Recuerdo cómo Yoshi me explicaba, cuando se nos hacía tarde, siempre los últimos trabajando en yellow walls, y yo le insistía en que teníamos que ir a casa porque ya estaba bien por hoy, porque no tenía sentido trabajar tanto, que un japonés jamás le diría eso a otro: le diría algo así como ganbare, adelante.
lunes, 3 de enero de 2011
Ochenta años

sábado, 23 de octubre de 2010
Elogi de la imperfecció
Això em passà el 8 de febrer de 2002, quan en la meua estupidesa vaig confondre l'hora de l'últim exàmen del quadrimestre i em presentí a l'aula 4 hores tard.
Per a una xiqueta que sempre ha patit en silenci (ejem) a l'escola i l'institut ser "la empollona de la clase", que va aprovar totes les asignatures de la carrera a la primera (excepte una, perquè sempre he estat en els primers llocs, però no mai la primera), fer una cosa tan estúpida com confondre l'hora d'un exàmen, i més quan l'assignatura era tan bonica (recordem, Neurobiologia Funcional) no tenia perdó de Déu. Sobretot perque com no em deixaven el cotxe en casa, em vaig fer el trajecte de més d'una hora en autobusos i metros i tranvies per a no res. I això cabreja.
De manera que em plantí al teu despatx, Fernando, molt encabronada amb mi mateixa, per a explicar-te la situació i asegurar-te que a la segona convocatòria trauria una Matrícula. Em rebé Quique, perquè no estaves en aquell moment, i quan torní a l'endemà, amb el teu etern esperit docent, em proposares col·laborar amb vosaltres.
Qui sap que haguera segut de la meua trajectòria professional de no haver comés aquell xicotet error: no crec que haguera pogut trobar un altre lloc en el que, a banda de crèixer com a científica, trobara una familia. Perquè al laboratori heu segut la meua familia, els meus amics; especialment tu, Fernando, que eres el "pare" de tots, tens la culpa d'haver-me ensenyat el que volia ser en la vida. Que, per suposat, no es limita a ser neurocientífica: quan siga gran, vull ser com tu, perquè has de ser un dels pocs "mestres" que arriba a catedràtic (hui tu també tens un examen, però sospite que no arribaràs tard*) siguent tan estimat pels seus deixebles. Mai has publicat un Science, però sempre has segut honest i apassionat pel teu treball. Com Rita Levi-Montalcini ens recorda, il fatto che l’attività svolta in modo così imperfetto sia stata e sia tuttora per me fonte inesauribile di goia, mi fa ritenere che l’imperfezione nell’eseguire il compito che ci siamo prefissi o ci è stato assegnato, sia piu consona alla natura umana così imperfetta che non la perfezione.
Fem com ella: que el nostre treball imperfecte no deixe de fer-nos feliços, i mai deixem de recordar que, a banda de científics, som humans.
Gràcies per tantes coses, "jefe".

El mític primer congrés, Lleida, 2003.
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*Però jo, una vegada més, sí. Mentre ahir escrivia esta entrada...tornà a passar. Pensava que l'oposició era a porta tancada, i arribí quan ja t'havien fet catedràtic i estaveu tots escampant. Com una broma de mal gust, la història es repeteix. Supose que simplement és un altre cercle que es tanca, menys mal que encara ens queden tantes coses que compartir...
domingo, 3 de octubre de 2010
I miss you already...
No importa durante cuánto tiempo uno haya estado preparándose para irse: nunca se está listo del todo para la despedida. Incluso yo, que llevo yéndome desde que llegué, hace 21 meses (y no 18, como se empeñaba en decir mi jefa), me he sorprendido al despertar por última vez en Cambridge, con un sentimiento de incredulidad, de ligereza y alivio, pero de gran pesar en el corazón. Porque todos los malos momentos empezaron a enmudecer con unas fotos porteñas sobre mi escritorio, a empequeñecerse con los floridos apretujones polacos, a disolverse con las lágrimas del Hombre Feliz. Y de repente, empezaron a brillar los buenos momentos; con la tristeza diluyéndose y escapándose por el desagüe; con los recuerdos felices remodelándose y reconsolidándose, venga la síntesis proteica en mis pobres neuronas todo el día de hoy: vaciar el jardín del Edén sabiendo que no podremos vaciar la calabaza y ponerla en la ventana para Halloween, abrazarnos uno a uno porque toca estirar los lazos de la amistad hasta no se sabe dónde o cuando: si nos reencontraremos con unas pintas (y un zumo de naranja), o mejor, un salmorejo delante, o con un pulpo a feira, o con una paella de verdad. Y mira que en el último momento el plan de la Serpiente sonaba bien, y mira que lo tenía todo pensado para que los que estábamos no nos fuésemos, y los que sólo vienen de vez en cuando se quedasen para siempre… Creamos que, aunque no siempre puedas tener lo que quieres, si lo intentas, a veces, consigues lo que necesitas.
martes, 8 de diciembre de 2009
Lo extraordinario
Para sacudirme de encima el mal sabor de boca de un viaje angustiado, un velatorio incómodo con algunos infiltrados roncadores apoderándose de los sofás (para más información recomiendo la lectura del cuento "Conducta en los velorios" de Cortázar), la visión insistente de un cadáver que ya no era más la abuela María, los rituales obligados del incienso, el agua bendita y los Cristo la tiene en su regazo, regocijémonos porque nos espera en la vida eterna y demás torturas, empleo el largo viaje de vuelta a Cambridge en recordar cómo era la abuela antes de que la vejez la consumiera poco a poco hasta apagarla del todo.
Recuerdo que me enseñó la técnica precisa para cortar adecuadamente las patatas para la tortilla, de ella aprendí como se hace el sandwich perfecto, me tejió unos peúcos para mantener los pies calientes en invierno, me daba estrenas por Navidad igual que a sus nietos.
Lo extraordinario de la abuela era que no tenía nada de extraordinario: su carota redonda y sonrosada coronada por los típicos rizos blancos; su luto y su bata; su sentarse en el sofá a ver el cine de barrio; su hacer la comida, la cena, cortar y repartir el pan, incluso su nombre.
Lo extraordinario de la abuela María era su sencillez, su saber congregar a la familia a su alrededor para darle lo que sólo una abuela perfecta puede proporcionar: el cariño de abuela, la paz de descansar en el hogar.
sábado, 17 de octubre de 2009
La vida puede ser maravillosa
Mientras Andrés Montes, este hombre tan peculiar y tan inconfundible (porque mira que era raro, un español negro -siempre haciendo bromas sobre el color de su piel- con la cabeza afeitada en honor a Yul Brynner, gafas redondas y pajaritas) narraba los partidos de baloncesto, soltando bromas absurdas, confundiéndose de jugador (nunca, y no lo voy a hacer ahora, he negado que me ponía de los nervios su manera de perder el hilo), y cantando y hablando de cine y de música (¡de cualquier cosa!) y repitiendo una y otra vez que la vida puede ser maravillosa, para algunos de nosotros, reunidos delante de la televisión, con unas papas y unas cervecitas, en efecto, era cierto.Hace unas semanas, la selección española de baloncesto ganó el Europeo. Vimos la final con unos amigos, y entre que celebrábamos la victoria y comentábamos el partido, no oí las últimas palabras de este hombre que acababa de perder su trabajo: "Yo me despido de ustedes. Ésta es mi última retransmisión. Y voy a decir lo mismo que decía hace tres años y medio cuando vine a esta cadena: La vida puede ser maravillosa".
Ayer murió Andrés Montes. Desde algunos foros se insinúa que no hace falta autopsia para confirmar cual fue la causa de su muerte. Quizá le falló el corazón. La vida dejó de ser maravillosa para él. Dejó de encontrar la respuesta en el viento.
Desde la distancia, me afecta esta noticia como si hubiese perdido a un amigo, y mira que me gustaba poco como comentarista deportivo. Pero su muerte significa para mí, (y también para muchos más) que las tardes de baloncesto nunca serán iguales, y eso, cuando las echas tanto de menos, es muy duro. Y aunque sabes que cuando decides tomar un camino que te aleja de casa, corres el riesgo de que todo cambie mientras estas lejos, estas noticias te lo hacen aún más patente, más doloroso.
Por una vez, voy a dejar de mirarme el ombligo y acabaré pensando que algunos jugones, algunos cracks, aunque mueran, no están muertos: quedan para siempre en el recuerdo de cientos de personas. Esos jugones son los que son capaces de hacer creer a los demás, aunque sólo sea durante un par de horas, que la vida, con todas sus miserias, con todo su sufrimiento, puede ser maravillosa.
lunes, 20 de julio de 2009
Tragedias minúsculas
Y me pregunto por qué yo me arrastro por el aeropuerto de Stansted como alma en pena porque durante un par de semanas solo podré ver y oír a mi other half, pero no olerlo ni tocarlo; porque en un mes y medio no comeré más boquerones. Me pregunto si tengo derecho a ello, pero es que para cada individuo su tragedia personal no provoca un ápice menos de dolor que la más horrible de las pérdidas de otro, como si el ser humano tuviese una resistencia directamente proporcional a la magnitud de la tragedia que vive. Y sin embargo, casi siempre somos capaces de levantarnos y seguir adelante. A veces por nosotros mismos; otras porque alguien nos coge de la mano; muchas otras, porque poseemos la maravillosa cualidad de la empatía, y a veces somos capaces de olvidarnos de nosotros mismos para dar esa mano a quien lo necesita.
Pase lo que pase, levantarse y seguir adelante.
(Con todo mi cariño desde mi tragedia insignificante para MªJosé)