martes, 25 de enero de 2011

La crisis y clase media

A ver la vida pasar, resignada, trabajando, en lo que me den, hasta que me echen, o me canse, y no me pienso estresar, precisamente ése es el problema, que con esa actitud no se puede exigir nada, es culpa de ellos, porque yo sé que es culpa de ellos, pero si uno no hace lo que toca, así no puedo decir nada, se puede resumir en un pasaba yo por aquí y perdí x años de mi vida, básicamente, pero vamos, sí, tu quéjate, sólo te lo cuento, y yo, sólo te lo cuento, porque para uno quejarse tiene que importarle, y a mí ya no me importa, pero eso es lo que te digo, que en el momento que a uno ya no le importa, no puede reclamar nada, ni quejarse, connivencia con el sistema, y así nos va, he cometido muchos errores en mi vida, y así me va, y los errores han sido, hacer lo que se supone que tenía que hacer, y no tener claro lo que quería de verdad, así que hasta que esté a gusto con mi trabajo, pues voy pegando palos de ciego, fíjate, todo lo contrario que Steve Jobs les dijo a los de Stanford, pero claro, el hombre se está muriendo igual, es un hijo de la gran puta, eso dicen, flipao, budista, vegetariano, que pide a sus empleados que adoren tanto a su criatura como la adora él y dediquen su vida a su obra, uno puede hacer lo que dice Steve Jobs, o cuando tiene mucha pasta, o cuando no tiene nada, pero nosotros, que estamos en medio, je, aquí estamos, soportando el mundo sobre nuestros hombros, ese es el verdadero significado de la clase media, porque ni podemos permitirnos ser unos hijosdeputa como el Jobs, desde el currito al ingeniero, los que no tienen verdadero control sobre sus vidas, ni nos atrevemos a comprarnos una furgoneta e irnos a vivir a la playa con tres perros, clase mediocre, no media, frustrada, y conformista,
tenemos que hacer algo, ya estamos haciendo algo, sí, aceptar barco, y pulpo, cambiar nuestras vidas, en forma de trabajo, por dos semanas en la playa y un coche aparcado en la puerta, pues me toca los cojones lo de aceptar barco, en general pero vamos, hoy no me he levantado con ánimos ni moral como para cambiar el mundo, así que prefiero seguir trabajando, y mañana sera otro dia, es martes,
(y entonces fue cuando ganaron)
y volvimos a la edad media, que decía Anguita 
y a partir de ahora trabajar será un privilegio, y a fuerza de vivir un poco más cerca del amo que el resto de los esclavos pensaremos que somos parte de la familia del amo, olvidaremos nuestra realidad, y el sistema se garantizará nuestra obediencia gracias a nuestro miedo a perder nuestros privilegios de esclavo, porque no nos olvidemos, la tele, los periódicos, la radio, no nos deja,  que estamos en crisis, que un día podemos perderlo todo, que tenemos que aceptar rebajas salariales porque si no lo hacemos, nos podemos ver en la calle 
estoy bien
y eso es lo peor
se asume
y punto

y en unos años
reírnos de todo esto
más viejos y más sabios

(y el sistema no funcionará para siempre, la economía está por encima de la política, pero el dinero es humo, como mucho papel, y desgraciadamente nosotros no somos xilófagos)


Ing. José Vicente y Dra. Carmen, clase media en crisis

martes, 11 de enero de 2011

On idiocy and imbecility


Os presento a cuatro de mis compañeros de piso: mi cabeza frenológica, la que compré en Portobello Market y los tres folletti que me regaló, perche mi portassero fortuna, el ínclito Dr Castellano, del que quizá os hable otro día.
La frenología fue muy popular en Gran Bretaña en la segunda mitad del siglo XIX, y viene al caso porque por esa época, en 1866, apareció en este país An ethnic classification of idiocy, un ensayo de un médico que trabajaba en asilos de idiotas y parece que también ganaba su buen dinero cobrando por asistencia privada al margen de las instituciones. En este ensayo, el bueno del Dr John Langdon Down nos contaba que I have been able to find among the large number of idiots and imbeciles which came under my observation that a considerable portion can be fairly referred to one of the great divisions of the human family other than the class from which they have sprung. Down pensó que la culpa de la idiotez de estos pacientes la tenía la influencia degenerativa de la tuberculosis, que hacía que individuos de raza blanca regresaran a un estadio previo, menos evolucionado, hacia la raza inmediatamente inferior: The great Mongolian family has numerous representatives, and it is to this division I wish, in this paper, to call special attention. A very large number of congenital idiots are typical Mongols. También observó que unos pocos idiotas más severos pertenecían a razas incluso más degeneradas, a saber, los Etiopes. Pero con mucho lo que venció en popularidad fue el estudio de los Mongoloides*. 
Leí esta historia en un libro de Gould, pero ya que mis actividades profesionales, por una serie de acontecimientos desigualmente buscados y encontrados, me han puesto en contacto con el síndrome descrito por este médico inglés, he decidido documentarme más y descubrir si el buen hombre era tan racista como parece. Como era de esperar, no era más que un señor de su época, lo que no cuenta Gould es que incluso era progre para entonces. Down también escribe: These examples of the result of degeneracy among mankind appear to me to furnish some arguments in favour of the unity of the human species. Es decir, el género humano tiene un origen común: los no-blancos no son especies distintas, como sostenían otras mentes pensantes por aquel entonces, sólo son más idiotas. (Y aquí viene mi incorrección política) Ahora, vas y se lo cuentas a los chinos
Ni que decir tiene que la teoría empezó a tambalearse al descubrirse sujetos de raza negra que padecían el síndrome, y que contrariamente a como cabría esperar, no eran igual de listos que los mongoles, sus inmediatamente superiores según Down...
En 1959, Lejeune et al descubrieron la presencia de un cromosoma 21 extra en los individuos antes conocidos como idiotas mongoloides.
En 1966, afortunadamente, la OMS votó por inmensa mayoría el reemplazo del término "Idiotismo mongoloide" por el de "Síndrome de Down".
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*El término fue aceptado en general por la comunidad médica, a honrosa excepción de varios médicos escoceses que prefirieron embolsarse la descripción de estos pacientes como "Idiotas Kalmucos", en referencia a una etnia también procedente de Mongolia.

lunes, 10 de enero de 2011

El balón de oro

En vilo me tenía tan trascendental cuestión. Menos mal que por fin se ha despejado la duda y ya podemos dormir tranquilos: sin duda ha ganado el Barça, esa filosofía de apoyo a los jóvenes jugadores, esa humildad, todo ese bla.
Fue a principios del siglo pasado (cómo me cuesta aún referirme así al XX), con el nacimiento de la sociedad de masas, cuando el deporte dejó de ser cosa de una élite despreocupada y ociosa y pasó a convertirse en el entretenimiento principal de unos obreros que a fuerza de sangre, sudor y lágrimas se abrían paso en las ciudades como podían y poco a poco ganaban en derechos, y poco a poco las jornadas laborales inacabables se recortaban y los sueldos crecían un pelín, y necesitaban algo más que alcohol para quedarse tranquilos durante ese pelín de tiempo gastándose ese pelín de dinero. Sociedad del bienestar, lo llaman desde hace un tiempo, panem et circenses lo llamaron los romanos (y de ellos hablaremos otro día). Porque a pesar de lo que creamos todo está ya inventado. En el estado español, como dicen por estos lares, quizá gracias primero a la filosofía republicana-socialista que veía el deporte como una gran forma de alejar al obrero de la cantina y canalizar su energía y camaradería y solidaridad, y más tarde por la fascista del culto al cuerpo y al superhombreario, poco a poco se consolidó una de las creencias populares más arraigadas, a saber, que el disfrutar del partido de furgol de los domingos es un derecho inalienable de la persona humana. Y lo dice una que cada dos semanas se sienta en una silla de plástico amarillo para ver correr y saltar y meterse ostias como panes a 10 tíos en pijama de verano. ¡Pero el es que el baloncesto es otra cosa, permitidme el exabrupto! Que no me veo yo a las estrellas mandrilistas escribiendo un blog tan interesante como el del Palomero cuando vuelven de fiesta haciendo eses con el deportivo. Y sí, una también tiene derecho al entretenimiento, a una no le da la gana prescindir de ello, pese a que le pese saber que todo es un engaño. Lo cual me lleva a que me he desviado bastante del tema que lleva unos días rondándome la cabeza: mi creciente resignación y desesperanza. 
La convicción de que la ilusión momentánea de libertad que nos ha durado unas décadas, más o menos desde que nací yo, diría, hasta ahora que los mercados, esos entes que nadie osa definir, amenazan con engullirnos, se está acabando, y, lo que es peor, no sé, no sabemos, qué hacer. Porque no queremos perder nuestro derecho inalienable, aunque paupérrimo, de ver el partido de los domingos y salir de tapas. No en vano nací el año en que mataron a Lennon,y yéndome por los cerros de Úbeda se me ha hecho ya muy larga esta entrada, y de todo esto hablaremos otro día.

martes, 4 de enero de 2011

...relojes siderales y cronómetros para observaciones astronómicas y científicas, clepsidras, relojes de arena...

Leo estas líneas en el tren de vuelta a Barcelona tras las vacaciones de Navidad.
Reflexiono: Soy un almacén de ingentes cantidades de informaciones inútiles, de qué me sirve saber qué narices es una clepsidra. O saber que la culpa de la desgracia de Hermafrodita la tuvo Salmacis, que los dos satélites de Marte (sus hijos griegos, Fobos y Deimos) son en realidad asteroides atrapados de órbitas irregulares, o no saber, pero tener la certeza de que no puede ser otra sino La Clemenza di Tito la ópera que escribió Mozart con el motivo de la coronación de Leopoldo II. Zas, Jordi Hurtado me dio la razón.
El fragmento que llama mi atención, que a pesar de lo que pudiera parecer sacado de contexto, no habla sobre el irrefrenable paso del tiempo, pertenece a la novela La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza, que me ha reglado mi other half, una delicia para pasar el trayecto de algo más de tres horas y culturizarse a la vez sobre mi ciudad de acogida. Un escritor de los pocos que me ha hecho descubrir mi susodicho, que, al contrario de lo que me pasa a mi, almacena enormes cantidades de informaciones útiles rara vez leídas sobre papel impreso.
Reflexiono: cómo me jode, me jode sobremanera tener que leer en el tren, y no poder disfrutar de la lámpara que compraste poco antes de mi exilio, para que yo pudiera leer mientras tú veías la tele con tus piernas sobre mis rodillas.

Como escurriéndose implacables por la clepsidra, dos años han pasado desde aquel pánico inicial.

lunes, 3 de enero de 2011

Ochenta años

Soy una persona muy afortunada. De las pocas que a los 30 años aún disfrutan de todos sus abuelos biológicos.
Hace un año, cuando perdí a mi abuela "adoptiva", reflexionaba sobre lo extraordinario de todas esas personas como la abuela María, cuyas vidas parecen discurrir sin ningún sobresalto, sin ningún acontecimiento especialmente sobresaliente, y que sin embargo son imprescindibles para los otros. Porque la valía de cada uno podría muy bien medirse mediante su influencia sobre los demás.
Soy una persona extremadamente afortunada, ya que he tenido la suerte de que una de las personas más imprescindibles y más sobresalientes para mí seas tú, la yaya Neme.
Y mira que dijiste veces que a los ochenta te ibas, y que si no te ibas, que te metiéramos en un barco y lo hundieran, porque nunca has querido ser una carga para los demás. Pero no lo dijiste
en serio, afortunadamente, y ahora alcanzas la venerable edad, con una dignidad y una juventud envidiables, con la gente del pueblo aún confundiéndote con la hermana de tu hija, con la coquetería intacta que te lleva a vestir de vez en cuando con vaqueros (¡y qué orgullosa he estado siempre de ser de las pocas personas que puede decir eso de su abuela!) y con los demás sabiendo que nunca serás una carga.
Naciste el 3 de enero del 31 en un lugar de la Mancha de cuyo nombre hoy nos acordaremos, Almagro. En mitad de una familia que daría siete hijas y dos hijos, pobre. Del pueblo me has contado el miedo que sentíais cuando los aviones de la guerra civil os sobrevolaban, como tú y tus hermanos aprendisteis a escurriros por cualquier grieta a robar huevos, a espigolar en el campo en busca de algo que llevaros a la boca (empresa peligrosa que casi le costó una oreja a tu hermano Ramón, el que iba antes que tú y al que tanto cariño tenías, y que murió tan pronto cuando llegasteis a Valencia), a trepar a los árboles cuando soltaban a los toros. A tus quince (si no recuerdo mal) tu padre recogió a tus hermanas mayores y a ti y llegasteis a Valencia a buscaros la vida. Vivisteis en el Grao, y mientras tus hermanas servían y tu padre trabajaba en el puerto, tú trabajabas en una fábrica textil. No sabías apenas leer, ni escribir, ni sumar, ni restar, ni por supuesto hablar en valenciano, pero pronto la encargada se dio cuenta de que trabajabas más que las demás, y te dio nuevas responsabilidades. Tú aprendiste con tesón, a contar, a leer, gracias a los carteles de los escaparates cuando salías a pasear con tu novio, mi yayo, que te ayudaba, que antes que tú llegó a sus 80 y como tú es extraordinario. Os casasteis, tuvisteis dos hijas, abristeis un pequeñísimo negocio en un barrio de emigrantes manchegos y extremeños de un pueblito del área metropolitana de Valencia, una droguería de 20 metros cuadrados que aún recuerdo en blanco y negro, en la que vivisteis los cuatro durante años antes de poder comprar una casa. Te levantabas a las 6 de la mañana para ocuparte de la casa, de tus hijas, de tu marido, del negocio. La primera vez que tuviste una lavadora, te la llevó el que sería mi padre.
Tengo tantos recuerdos de ti que no sé cuales seleccionar: cómo me contabas el cuento de Carepusita y el de Garbancito, como me pusiste barro en el dedo el día que me picó la avispa, como me preparabas la cena en el chalé, como jugábamos a las cartas con tus hermanas, como parecía que nunca estabas cansada, siempre trabajando y luego cocinando, y fregando, y con tu gimnasia. Cuando tuviste un ataque bastante malo de artrosis y eras incapaz de levantar el brazo, y hacías rehabilitación en el almacén de la droguería agarrándote con las uñas, siempre perfectamente pintadas, al gotelé de la pared. Cómo las mujeres que iban a la droguería siempre te llamaron Señora Neme. Porque te habías ganado el título de Señora.
Para mí representas más que una abuela: eres un modelo a seguir, un orgullo, la personificación de la lucha, de la fuerza de voluntad. Por eso quiero que mi primera entrada del año que preveo mucho mejor que el anterior sea para ti. Este es nuestro año, yaya. Tenemos que seguir adelante, tú cuidando tus ochenta y los ochenta del yayo, pudiendo con todo como siempre, con tus clases del cole, peleándote con las divisiones entre dos cifras (no te preocupes demasiado, que ya dominas las de una, y a ver si por fin la maestra te hace caso y te enseña geografía), con tus paseos, tu costura, tu leer el diccionario y tu hacer cuentas en tus cuadernillos Rubio, tu peluquería los martes (¿o son los jueves?), tu yoga, tu vida sencilla que tanto y tanto me ha enseñado.
Y yo adelante siempre, tu nieta doctora (aunque no pueda firmar recetas) vagando por el mundo haciendo sus cosas de investigadora, pero siempre con un pie en casa con los suyos, y siempre orgullosa de su superyaya, que cumple ochenta, pero cuya sabiduría es milenaria.


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Foto: en la puerta de la droguería, sobre 1984, mi tía, que me dio mi nombre, mi yaya, que me dio sabiduría, mi madre, que me dio la vida, y miniCarmen con moños de valenciana....ay....

miércoles, 15 de diciembre de 2010

2010: Epílogo

Si por estas fechas el año pasado recopilaba todo lo que no había aprendido en la Universidad de Cambridge y en el exilio en general, así como las fotos más significativas de cada mes, este año me quedo un poco en off a la hora de hacer balance. Lo reconozco, el 2010 se me ha pasado medio en blanco. Empecé pintándome las uñas, haciendo propósitos de sonreír. Conseguí que se me descascarillaran las uñas y se me quedara agarrotada la mandíbula. Poco más. Mis arrugas se hicieron más profundas, casi tanto como las raíces que echó mi tristeza, y me rompí la cabeza contra la pared sin conseguir el miserable click. A mitad de año decidí huir de Inglaterra como una rata, con los nervios destrozados y sin tener muy claro qué hacer con mi vida. Al final, aquí estoy, en el semiexilio esta vez: sigo dejándome llevar por la corriente, y sigo sin estar segura de que las decisiones que voy tomando sean las adecuadas. Señal de que algún tornillo tengo flojo, porque sabemos que la gente normal defiende sus decisiones incluso cuando no son suyas.*
Aquí estoy, en mi cubículo, sola, con una cerveza en la mano y un estómago relleno de ensalada de rúcula. Intentando hacer balance, e intentando creer que por fin el click ha llegado (quizá os lo contaré otro día).
De momento, abusaré de llutub, y recordaré por penúltima vez mis días en yellow walls, cuando lo único que necesitaba era volver.
Si las decisiones que he tomado este año fueron las adecuadas, solo (sin tilde, como dice ahora la academia) yo podré decidirlo.
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*Failure to detect mismatches between intention and outcome in a simple decision task. Johansson et al, 2005, Science, 310:116-9.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Miles de millas




Prometí amplio resumen de mi viaje a eeuu cuando se me pasara el jet lag. Aún me dura, pero creo que viene de antes, de hace unos dos años, aproximadamente.

Así que creo que voy a dejar de esperar la recuperación.


Pese a ser totalmente cierto que este viaje ha acabado con mis prejuicios sobre los eeuuenses, ya que todos con los que nos hemos encontrado por el camino han sido absolutamente encantadores (y no solamente extremadamente polite al estilo británico, las sonrisas parecían genuinas y no fruto de una educación represora), contravendría el espíritu de este diario de pataletas si no hiciese notar lo cómico, lo esperpéntico, lo bizarro (en el sentido sajón, sé que la Real Academia define esta palabra como espléndido, que también) que nos hemos encontrado por el camino. De ahí el material gráfico que he seleccionado, a mi juicio autoexplicativo.


Recorrimos miles de millas por California, Arizona y Nevada en un coche de alquiler. Precisamente, el viaje podría definirlo así: nos sentamos en el coche y recorrimos millas. Cruzamos dos estados en un día al son de las rancheras; el desierto del Mojave en una noche, acompañados de lechuzas y cactus fantasmagóricos; pasamos fugazmente por Las Vegas especulando cuanta gente debe apostar cada noche en la ruleta para poder pagar simplemente la factura de la luz, y comprendiendo el porqué de tanta seguridad en la presa Hoover; volvimos a recorrer dos estados. Nos sentimos en una película la mayor parte del tiempo, y al final uno se cree lo que escribe Jack Lemon (pero luego siempre se da cuenta cuenta de que aquí sólo estamos para pasar el rato, como parece bromear la McLaine).


También reflexionamos mucho. Sobre los navajos que vendían plumas al pie del Cañón, sobre la soledad de los pueblos perdidos en el medio del desierto, sobre el porqué de que siempre exista Little Italy y Chinatown pero no un Spanish barrio, sobre la estupidez de la condición humana. De vuelta a casa, se me han olvidado la mayoría de estos pensamientos, pero queda una promesa: volveremos. Y un deseo: algún día, llegaremos más allá, y luego todavía un poquito más lejos, hasta que sea más corto continuar el camino que dar la vuelta. Algún día...

miércoles, 1 de diciembre de 2010

El oso

Una interpretación libre de la teoría de James-Lange...o cómo intentar engañar al cerebro gracias al as-if-loop de Damasio:

Smile

Lástima que la mayoría de las veces no funcione...

domingo, 21 de noviembre de 2010

How would you like your eggs?

Escribo desde el aeropuerto internacional de San Diego.

Una semana en EEUU para eliminar mis prejuicios sobre este país y aprender que me gustan los huevos over-easy para desayunar.

Como me quedan 30 horas para llegar a mi minicasa de Barcelona, tengo tiempo de sobra entre vuelos y transbordos para digerir el exceso de colesterol que he ingerido estos días y, más importante aún, la experiencia de recorrer cientos de millas por California, Arizona y Nevada, y el estudio geográfico-antropológico que conlleva. Amplio resumen y material gráfico cuando supere el jet lag.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

En la frontera con goteras...

...tras trasladarme ayer a mi minipiso entre el barrio del Raval y la gente normal*.

Dejé atrás mi habitación de dos metros cuadrados con bedbugs en una casa de dos plantas con jardín y buena compañía en la calle del Edén, y los 20 minutos en bicicleta entre el verde de los árboles ingleses, por un mes en casa que reafirmó mi impresión previa de que que la labor del ama de casa está todo menos infravalorada (sin entrar en que quizá no es lo mismo dedicarse a ello un mes que treinta años)...y tras el más que breve periodo de solaz, relajación extrema y negación de la realidad, durante el cual tanto mi other half como yo disfrutamos sobremanera de huevos fritos y chuletas a lo que dé, ojalá la vida consistiera en eso...comienzo una vida nueva en una habitación de treinta metros cuadrados para mí misma (eso sí, el baño al menos está separado del resto, y pago casi el triple de alquiler) entre el rojo y verde de los semáforos y la actividad frenética en una ciudad que parece que no pare nunca.
De momento, dos días después de empezar mi segunda estancia postdoctoral me da la impresión de que me comporto como si estuviera de vuelta de todo, como si tuviera los cojones pelados a base de lidiar con jefes de diverso pelaje y procedencia...pero ¡ay!, angelita, cállate ya que pareces uno de esos abuelos que se empeñan en recordarte que cuando tú vas ellos ya han vuelto porque fueron a la guerra y volvieron, me da por pensar la enésima vez que no puedo evitar contestar con un eso es así en todas partes o un es que los científicos somos unos frikazos de los cojones cuando mis nuevos compañeros, de lejos más afables y simpáticos, o mejor dejémoslo en mediterráneos e intentemos no ofender, que la mayoría de los inmediatamente anteriores, me comentan las particularidades del sitio...cállate, Mari Carmen, leches, que te van a coger manía y aún no has empezado a hacer esas de las que no te das cuenta...
Y de momento, pese a la visita del papa (de momento, sin WC portátiles a la vista, que a gusto se está lejos de la sagrada familia), los viajes en tren se me hacen más agradables que el ryanair, aunque vistos los precios, no descarto volver a volar.

Y de momento, intento trabajar para que, esta vez, las goteras no se me hagan en el alma....

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*Pido disculpas por los ripios, no me he podido resistir. Anoche me trasladé, anoche tuve el primer desastre: goteras en el baño. Menos mal que la casera, que es el alterego de mi casera en Valencia, me lo ha solucionado, parece, ipso facto.

sábado, 23 de octubre de 2010

Elogi de la imperfecció

Hi ha vegades en les quals un error, un accident, un imprevist, et canvien la vida.
Això em passà el 8 de febrer de 2002, quan en la meua estupidesa vaig confondre l'hora de l'últim exàmen del quadrimestre i em presentí a l'aula 4 hores tard.
Per a una xiqueta que sempre ha patit en silenci (ejem) a l'escola i l'institut ser "la empollona de la clase", que va aprovar totes les asignatures de la carrera a la primera (excepte una, perquè sempre he estat en els primers llocs, però no mai la primera), fer una cosa tan estúpida com confondre l'hora d'un exàmen, i més quan l'assignatura era tan bonica (recordem, Neurobiologia Funcional) no tenia perdó de Déu. Sobretot perque com no em deixaven el cotxe en casa, em vaig fer el trajecte de més d'una hora en autobusos i metros i tranvies per a no res. I això cabreja.
De manera que em plantí al teu despatx, Fernando, molt encabronada amb mi mateixa, per a explicar-te la situació i asegurar-te que a la segona convocatòria trauria una Matrícula. Em rebé Quique, perquè no estaves en aquell moment, i quan torní a l'endemà, amb el teu etern esperit docent, em proposares col·laborar amb vosaltres.
Qui sap que haguera segut de la meua trajectòria professional de no haver comés aquell xicotet error: no crec que haguera pogut trobar un altre lloc en el que, a banda de crèixer com a científica, trobara una familia. Perquè al laboratori heu segut la meua familia, els meus amics; especialment tu, Fernando, que eres el "pare" de tots, tens la culpa d'haver-me ensenyat el que volia ser en la vida. Que, per suposat, no es limita a ser neurocientífica: quan siga gran, vull ser com tu, perquè has de ser un dels pocs "mestres" que arriba a catedràtic (hui tu també tens un examen, però sospite que no arribaràs tard*) siguent tan estimat pels seus deixebles. Mai has publicat un Science, però sempre has segut honest i apassionat pel teu treball. Com Rita Levi-Montalcini ens recorda, il fatto che l’attività svolta in modo così imperfetto sia stata e sia tuttora per me fonte inesauribile di goia, mi fa ritenere che l’imperfezione nell’eseguire il compito che ci siamo prefissi o ci è stato assegnato, sia piu consona alla natura umana così imperfetta che non la perfezione.
Fem com ella: que el nostre treball imperfecte no deixe de fer-nos feliços, i mai deixem de recordar que, a banda de científics, som humans.

Gràcies per tantes coses, "jefe".






El mític primer congrés, Lleida, 2003.

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*Però jo, una vegada més, sí. Mentre ahir escrivia esta entrada...tornà a passar. Pensava que l'oposició era a porta tancada, i arribí quan ja
t'havien fet catedràtic i estaveu tots escampant. Com una broma de mal gust, la història es repeteix. Supose que simplement és un altre cercle que es tanca, menys mal que encara ens queden tantes coses que compartir...

miércoles, 20 de octubre de 2010

Carmen amb Tomàquet

Tras Carmen a la Romana y Carmen and Chips, una nueva entrega de las aventuras de la pequeña científica cabreada está a punto de comenzar: esta vez a sólo 349 km de mi ciudad natal, y, lo que es mejor, en pleno Mediterráneo y con jamón (pernil) a lo que dé.

Bona sort! Que el karma continue fent-me costat!

Nos vemos el 2 de noviembre en Barcelona...

domingo, 3 de octubre de 2010

I miss you already...



No importa durante cuánto tiempo uno haya estado preparándose para irse: nunca se está listo del todo para la despedida. Incluso yo, que llevo yéndome desde que llegué, hace 21 meses (y no 18, como se empeñaba en decir mi jefa), me he sorprendido al despertar por última vez en Cambridge, con un sentimiento de incredulidad, de ligereza y alivio, pero de gran pesar en el corazón. Porque todos los malos momentos empezaron a enmudecer con unas fotos porteñas sobre mi escritorio, a empequeñecerse con los floridos apretujones polacos, a disolverse con las lágrimas del Hombre Feliz. Y de repente, empezaron a brillar los buenos momentos; con la tristeza diluyéndose y escapándose por el desagüe; con los recuerdos felices remodelándose y reconsolidándose, venga la síntesis proteica en mis pobres neuronas todo el día de hoy: vaciar el jardín del Edén sabiendo que no podremos vaciar la calabaza y ponerla en la ventana para Halloween, abrazarnos uno a uno porque toca estirar los lazos de la amistad hasta no se sabe dónde o cuando: si nos reencontraremos con unas pintas (y un zumo de naranja), o mejor, un salmorejo delante, o con un pulpo a feira, o con una paella de verdad. Y mira que en el último momento el plan de la Serpiente sonaba bien, y mira que lo tenía todo pensado para que los que estábamos no nos fuésemos, y los que sólo vienen de vez en cuando se quedasen para siempre… Creamos que, aunque no siempre puedas tener lo que quieres, si lo intentas, a veces, consigues lo que necesitas.

sábado, 2 de octubre de 2010

Kaeru


Hasta seis ranas conté en el jardín del Edén durante mi penúltima noche en Cambridge. Llovía, no había luz en mi manzana: nada mejor que hacer que salir a sacar el contenedor (la recogida de basuras por estos lares deja mucho que desear). Y de repente, un salto: era necesario desafiar al chubasquero y salir a la caza del anfibio cámara en una mano y luz de bicicleta en la otra: maravillosas ocupaciones que uno debería permitirse para luchar contra el tedio de la vida adulta. Y maravillosamente, las ranitas esperaban con paciencia pegajosa ser inmortalizadas por mi cámara, una tras otra, saltando hacia un lado para dejarme paso hasta la siguiente apenas disparado el flash. Siempre me han hecho feliz estas cosas, pero no entendí por qué aquella noche me hicieron tan especialmente feliz hasta el día siguiente, cuando, como casi siempre, Yoshiro me lo explicó: en japonés, la palabra para rana, y la palabra para "vamos a casa" son homófonas.
(Por cierto: me equivoqué de día, el contenedor se saca los jueves, pero quiero creer que las kaeru llamaron).

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Con un pie fuera

Date:Wed, 15 Sep 2010 09:28:20 +0100
Subject:RE: leaving
Carmen,  Just a little reminder to leave behind any keys and your University card when you leave.  Best of luck back in Spain.  Best regards

domingo, 12 de septiembre de 2010

El alma de las plantas

Las calabazas siguen creciendo, trepando por la tapia y amenazando con colonizar a nuestra vecina, esa que amable e involuntariamente nos proporciona conexión a internet gratis cuando la nuestra falla. Eva me recuerda que las plantas también tienen alma, y que una de las peores cosas de abandonar el Edén es abandonar su jardín.

Mientras tanto, la universidad a la que pertenezco sólo hasta final de este mes ha escalado 2 posiciones en uno de los ránkings que miden, desde un punto de vista eminentemente anglosajón, la calidad de la enseñanza y la investigación. Ahora ya somos los primeros del mundo. Sin duda, mi estancia aquí ha sido más que fructífera.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Feliz Rosh Hashanah

Después de celebrar el año nuevo chino y el año nuevo vacacional, ahora toca el 5771 del calendario judío.

Y más importante aún, mi other half y yo hemos superado el año 13.

A pesar de tantas cosas de cuya existencia no quiero acordarme ahora, y que fundamentalmente implican 1906 km segun el gugelmaps, el año 14 del calendario π empieza como una nueva aventura que seguiremos viviendo juntos: con amor, con paciencia, con chuletas de cordero, con risas, con sus ojos azules en los que necesito bañarme para poder salir adelante cuando creo que el mundo me supera. Y sobre todo, sin ryanair.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Que Dios nos coja confesaos...

El simpático señor que hace unos años propició la mayor exposición callejera de WC portátiles de todos los tiempos en Valencia ha tenido a bien revisar los delitos que se cometen en el seno de su ONG, que nunca está de más en los tiempos que corren. Una lista completa se encuentra aquí, pero me llaman la atención especialmente dos:
  • "la adquisición, la posesión y la divulgación por parte de un clérigo, con finalidad libidinosa, en cualquier modo y con cualquier tipo de medio, de imágenes pornográficas de menores de edad inferior a los 14 años"
  • "la atentada ordenación sagrada de una mujer".

Para qué vamos a discutir nuevamente sobre la tendencia malsana de algunos hombres de negro a que se les calienten las sotanas a la vista de los efebos que vienen a la catequesis o al confesionario. Pero no me digáis que no os llega al alma comparar al curilla pedófilo con las curesas. Qué queréis, me he acostumbrado a cruzarme con la reverenda Tilby y su alzacuellos cuando por casualidad salimos a la vez, ella de su iglesia y yo del pub que está enfrente (el famoso Eagle donde Crick y Watson [quiero pensar que antes de que se le fuera la pinza] se refrescaban [ejem] con una pinta de ale), y no me parece que la buena mujer sea una depravada pecadora. Que por otro lado nunca he entendido por qué algunas mujeres (y hombres, todo sea dicho) quieren ser curesas o toreras...Allá ellas...
Por otro lado, tampoco es tan extraño que entre los hombres de negro se estile tanto la pederastia como la misoginia: si se odia a la mujer, por algún lado tienen que salir los efluvios. Cuando tienes una gran maestro como Tomás de Aquino, que te cuenta que el varón es el fin de la mujer. El niño que sale del hombre es menos perfecto que el hombre adulto, pero tiende a él. Su fin, pues, es el hombre adulto. Así también la mujer, que sale del varón, y a él tiende y si no alcanza tal fin es porque se frustra, o lo que es lo mismo, la mujer es un mas occasionatus*, un macho fallido, porque el poder activo del semen masculino tiende siempre a la producción de otro ser del mismo sexo, porque el sexo masculino es el más perfecto; de modo que la producción del viviente femenimo accede siempre fuera del plan o de la intención del agente particular. Así pues, si no hubiera alguna energía o virtud que tendiera a producir sexo femenino, ésta sería totalmente fortutita, como lo es la producción de monstruos, pues qué me vas a contar, yo también pensaría que las mujeres son seres inferiores a las que más vale atar corto. Sobre todo si son como la señora de Luis Bárcenas.
Tampoco me extraña que el bueno de van Leeuwenhoek interpretase los espermatozoides como mini-hombrecillos cabezones, que simplemente necesitan del calorcito uterino para crecer. Igual al maestro angélico le hubiera dado un patatús si hubiera estado en una de las primeras clases de Embriología a las que asistí y le hubieran explicado que el hecho de que la naturaleza cree hembras por defecto no es lo mismo que decir que la mujer es un hombre defectuoso: en todo caso, el hombre es una mujer con protuberancias: el embrión comienza full equipe, y si nada lo remedia (es decir, si el pequeño y testosterónico cromosoma Y no lo remedia), se acaba desarrollando como mujer.
Nuevamente, esperemos que no todas salgan como la Rosalía.
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*De la idea freudiana sobre la envidia del pene casi mejor hablamos otro día....

sábado, 4 de septiembre de 2010

La belleza de la pérdida

La ansiedad es un estado de alerta ante la incertidumbre.
Cuando la incertidumbre desaparece, la ansiedad debería desaparecer.
Y la incertidumbre no desaparece, pero al menos ya tengo billete de vuelta, y eso me tranquiliza.
El 2 de octubre vuelo para no volver, al menos en un tiempo.
Ahora es tiempo de saborear todas esas cosas que echaré de menos, y envolverme en la belleza de saber que sólo puedo disfrutarlas durante un puñado más de días.
La ardilla que otea la calle del Edén desde una tapia.
Orchard Street, a las 8 de la mañana de un soleado día de principios de septiembre, con el vaho que empieza a estas alturas del verano (británico) a formar nubes alrededor de las bocas de las osadas ciclistas españolitas.
Un avión de modelismo dibujando un corazón con humo rojo al fondo del campo de trigo marrón vencido por el otoño prematuro.
Las zarzamoras preñadas de frutos rojos y negros.
La calabaza que plantó Eva y que cubre casi todo el jardín del Edén (probablemente gracias al accidente del día de la mierda).
El silencio, a pesar de que el pedal de mi bici oxidada no para de crack/chrics, y de Madeleine Peyroux.
La tristeza.
La belleza de la tristeza.