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domingo, 4 de enero de 2015

2014: Epilogue


This year I flew again. This year I thought I’d never come back –or at least I wouldn't come back so soon. And here I am at home, by chance –but is this really home now, after wandering around, looking through those glass holes in planes and trains, feeling so low and so high at the same time, for so long, after six years?

So many things I won’t miss –not worth listing carpets, tripod plugs, safety and the like-, so many I will.

More specifically: 
I think I’ll miss 
that morning watery coffee, that Friday never-cold-enough beer; 
that crowd of brown eyes looking for a swatch of blue in the deepest grey, and that crowd of blue eyes skilfully avoiding any awkward situation. 
I’ll miss 
walking along the Thames while the yelling gulls fight and the tipsy Londoners practise the national sport, walking along the galleries full of all those marvellous pieces of world and culture painstakingly treasured by that race of imperialists. 
I’ll miss my coming back to Cambridge, realizing how absolutely painless and beautiful it was. 
So many old friends, some new ones. 
El meu nebodet mig guiri sobre la gespa d’Oxford, amb la boca plena de xocolata, i fent el lleó: ROOOAR, ROAAAR!

I’ll miss you all –but I never leave, because I’m always coming back.

sábado, 10 de mayo de 2014

Fiesta pagana en Magdeburg

Saliendo de Gatwick hacia nuestra buhardilla londoner, de vuelta de visita a la Portu, compañera de Spaghetti aglio e olio y Rioja y Somontano durante un año en Barcelona, y es que una de las pocas cosas, y una de las más importantes, que le proporciona a uno la vida nómada es el ir encontrando estos compañeros de camino, de paso hablo sobre circuitos amígdalo-estriatales ante una audiencia de siete científicos que no aplauden a la conferenciante, sino que golpean la mesa con el puño, y de paso mi Half se pasea por Berlín, en todo caso, curiosa experiencia la de visitar este pueblo de poco más que doscientos mil habitantes (detrás de mí y a la izquierda inmigrantes españoles en este tren Gatwick-Victoria, madre con hijo que llaman a papá que les espera, dos iba a decir chicas de mi edad, pero no, claramente son más jóvenes, yo ya empiezo a vivir mi año 35, esa frontera arbitraria) en medio de la extinta RDA, experiencia de la que he prometido a la Portu no uno, mejor dos posts en este semiabandonado blog, vayamos a ello*.

Entonces los alemanes no aplauden, sino que golpean la mesa, pero luego te acompañan a tomar un café y hablan contigo del problema de no publicar un Science, porque ese debería ser el plan A, es necesario urdir un plan B, entre los cuales el más popular es abrir un pequeño restaurante, luego también están aquellos que algún día comprarán una cabra, o los ilusos que algún día esperan ganarse la vida escribiendo, y después del café lo mejor es ir a tomar una cerveza, estos dos españoles con una portuguesa y una turca, hablar de esas personas que llegan lejos en ciencia sin haber publicado nunca un Science, a veces es necesario que sean parásitos, que hagan todo el ruido posible, que salgan en la tele y que se apropien del trabajo de los demás, que intenten arruinar la vida a sus subordinados, pero de qué hablaríamos mientras bebemos cerveza si no fuera porque esos personajes existen, nosotros no publicaremos un Science, ni seremos parásitos, lo mejor es encontrarse con otra portuguesa que habla un español perfectamente argentino, y con un argentino, una colección arbitraria de personas que se encuentran en un punto en el centro de Europa al que no pertenecen, en el que quizá nunca hubiesen elegido estar, pero ahí están, la vida les ha llevado a eso, y también hay un colombiano que antes de pasar por aquí estuvo en España, en nuestra ciudad, en la misma universidad que Half, pero qué casualidad, algunos sí han elegido estar aquí, quizá no lo supieran antes de llegar, pero lo han elegido y son felices, todos bebiendo cerveza y mojitos, incluso una alemana que habla español, una alemana de tipo B, la definen, por oposición al alemán (póngase aquí español, o chino, o cualquier nacionalidad que se prefiera) de tipo A, ese que nunca ha salido de su pueblo, y que no habla otro idioma ni quiere hablarlo, y al que no le gustan los extranjeros, porque les tiene miedo, porque les tiene asco, porque nunca ha querido o podido entenderlos, ni ha podido o querido estar una noche bebiendo cerveza con gente que ha tomado un avión (muchos aviones) y se ha ido a miles de kilómetros de su casa no se sabe muy bien por qué, pero esta alemana, sí, ella habla otro idioma y disfruta de la comida y la bebida como una experiencia social, luego vamos a bailar, aquí todavía se puede fumar en los clubs, los ojos se llenan de lágrimas esperando otra cerveza, los alemanes saltan y empujan, algunos altos, algunos rubios, algunos con tirantes y gorra de tweed, algunos punks, algunos góticos, algunos heavies, es lo que hay en una ciudad pequeña, todos vamos a parar al mismo sitio (oigo otro español más en el tren Gatwick-Victoria y el sentimiento de qué coño hacemos todos aquí me invade siempre, muy a mi pesar), por donde iba, los alemanes altos y rubios, palmeando amistosamente la espalda del dealer africano que también pasó por nuestra ciudad, chapurreando el español y el portugués, yo recogí morangos en Huelva, yo recogí naranjas en Sagunto, a ver cuanto te puedes quejar tú que eres nómada por elección, quizá él, quizá los varios africanos que bailan rock penosamente, qué diferencia de estilo a cuando bailan otras músicas, también sean nómadas por elección, solo que su vida quizá haya sido y sea un poco más incómoda que la tuya, recogiendo morangos, o repartiendo hierba, no me queda muy claro qué reparte, un día llevaba una Biblia, me dicen, quizá quería convencer a sus clientes de que si tomaban lo él vende verían a Dios, no me queda muy claro si se queda en nuestro círculo de danzarines porque espera que le compremos, o porque disfruta de nuestra compañía, todos hemos llegado aquí desde otra parte, quizá él no llegó en avión, pero quién sabe, entonces el DJ pincha Legalización, extremadamente adecuado para el momento, pero difícil de preveer en un DJ magdeburgués, y luego Fiesta Pagana, banda sonora perfecta para que la pareja de portuguesas encuentre el doppelgänger germano de un controvertido cantautor portugués, un tal Antonio Variaçoes, que al parecer fue víctima del SIDA en aquella época en la que aún no era una enfermedad crónica, quizá sea mentira que ahora vamos en contra de la corriente, entonces era más fácil y más noble el ir en contra de la corriente, ahora más bien nos veo perdidos en la corriente (una de las chicas españolas vomita en una bolsa de papel, quizá traiga el mareo del avión, la madre y yo le ofrecemos pañuelos, agua), rodando por el mundo, de ahí quizá esta náusea que ya no es como la de aquel francés, la combatimos con cerveza, con esos amigos aleatorios encontrados por el camino (el niño dice hola papá, ya estamos llegando, estamos en la estación de Victoria, pienso inconscientemente ya estoy en casa, pero dónde está mi casa) que comparten contigo esos momentos de confusión, esos momentos en los que no está nada claro qué estamos haciendo, pero entonces el DJ decide acabar la sesión de esta noche con The Dark Side of the Moon, entero, y sentarse con dos cojones y una cerveza mientras estos rezagados gravitan extasiados o aburridos por la pista medio vacía, te das cuenta de que con Pink Floyd de fondo lo comprendes todo, todo está claro, te sientes bien por tener esos amigos que encontraste por el camino, estás segura que los vas a volver a encontrar en otro punto aleatorio del mundo, pero siempre bebiendo cerveza, bebiendo vino, hablando en varios idiomas, perdidos en la corriente.

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*Aunque para comenzar deberíamos remontarnos al pasado verano, cuando mi Half viajó a Creta por las mismas razones que ahora viaja a Berlín y de paso me empaquetó en la maleta (siempre había querido yo visitar Grecia, desde que a los seis añitos empecé a leer sobre el oráculo de Delfos, y sobre la cabra Amaltea, y sobre Artemisa cazadora, y...), no obstante la lógica me sugiere hablar de todo esto otro día, nos acordaremos entonces del gato y la mano en mi lorza pero ahora...

sábado, 25 de enero de 2014

England, you leave a taste...

...A bitter one

Cosas que me inspiran en Londres: una fila interminable de niños de cinco años de todos los colores, cogidos de la mano de dos en dos, ocupando todo el pasillo en la estación de metro, camino del museo de ciencias naturales; una fila desigual de adolescentes, de todos los colores, camino al campus; una acumulación de adultos de todos los colores; mirarlos descaradamente, a todos, mientras escucho a PJ Harvey; mientras ellos bajan y yo subo por las escaleras mecánicas del metro, escudriñar sus turbantes, sus velos, sus sombreros, sus tatuajes, sus piercings, sus cabelleras teñidas, o en rastas, sus trajes imposibles, su falta de abrigo, su resignación; la concentración de una chica con las uñas pintadas de amarillo en una edición Penguin de Animal Farm; mirar hacia arriba, descubrir que el gris es gris, pero a veces un poco de azul, y a veces un desgarrón blanco; como aquella sola flor blanca sobre una tapia, entre ramas desnudas y raquíticas, y la niebla, y el vaho. Me inspira que Londres no sea una ciudad sino un collage; que no sea Inglaterra sino una capital del mundo, porque así la han querido y construido todos los que han venido a ella, de todos los colores, de todos los continentes, de todas las religiones y de todas las tristezas, y para qué voy a hablar de lo que no me inspira, o de tristezas, si tres años después de mi huida vuelvo, pero esta vez mi half estará conmigo.




miércoles, 20 de octubre de 2010

Carmen amb Tomàquet

Tras Carmen a la Romana y Carmen and Chips, una nueva entrega de las aventuras de la pequeña científica cabreada está a punto de comenzar: esta vez a sólo 349 km de mi ciudad natal, y, lo que es mejor, en pleno Mediterráneo y con jamón (pernil) a lo que dé.

Bona sort! Que el karma continue fent-me costat!

Nos vemos el 2 de noviembre en Barcelona...

sábado, 5 de junio de 2010

Carmen vuelve a casa

Y venga a marear la perdiz, y venga a tomar decisiones con impulsividad y alevosía y sin tener en cuenta el futuro. Dieciocho meses, ese era el objetivo, 18. Cuando llegué, me engañé a mí misma diciéndome que tras los primeros seis la cosa mejoraría. Luego seguí la regla del año de mi amiga irlandesa que lleva más de 22 rodando por el mundo y, digo yo, sabrá de qué habla. Luego me volví a intentar convencer de que una vez llegado hasta aquí, podía aguantar un poquito más y acabar el supermegaartículo que se está gestando, parece que por una elefanta. Pero hasta aquí hemos llegado. No serán 18, serán 19, pero Carmen, rebozada por la lluvia y frita por las circunstancias, no da más de sí. En los últimos meses se nos ha embozado la fosa séptica, se me ha reventado la rueda de la bici, congelado los frenos repetidamente, me han picado los bedbugs, se nos ha roto el horno y la nevera y encima en la última visita a la peluquería, que ha de ser en Burjassot de toda la vida porque de las peluqueras inglesas no me fío, me han dejado flequillo de vasca.
Carmen lo siente, pero no da más de sí. No arriesgo salud física y mental por ser primera firmante o segunda de un artículo que no va a cambiar el mundo. Lástima que me pierda conocer a nuestra nueva estudiante, que llegará en octubre, una de esas savants eeuuenses que se saltan cursos y empiezan la universidad a los 14. Hasta en eso no soy Cambridge, demasiado cerebro me da cosa. Ya me di cuenta por enésima vez cuando me puse la toga en la cena formal con el Hombre Feliz de que esto no es para mí. Por primera vez en mi vida, entre fight o flight, elijo lo segundo. O mejor, por primera vez en mi vida, entre el corazón y la cabeza, elijo lo primero. Esperemos que el karma me siga acompañando.
Buenas noches, y buena suerte...

martes, 23 de diciembre de 2008

Carmen a la romana ya no será romana, porque su nueva residencia se encuentra en las frías tierras británicas.
Pero el blog sigue siendo Carmen a la romana: Carmen rebozada por la lluvia y frita por las circunstancias.

Good luck, ojalá el karma me siga acompañanado.

Nos vemos el 4 de enero en Cambridge...

lunes, 11 de septiembre de 2006

Solo habia que tener un poco de paciencia para subir las fotos, eso que a mi no me sobra

Aqui tenemos la primera: Es una herma (o, como define la wikipedia, un montón de piedras usado para marcar los caminos y delimitar fronteras y propiedades. Cada viajero que pasaba por el camino añadía su piedra al montón, indicando así su presencia) del museo del prado, copia romana de un original griego (como todo lo que hay alli), y ahora mismo sirve como foto de prueba e inicio de mi andadura por tierras extranjeras. Espero comenzar con buen pie y no tropezar con las mismas piedras con que lo hago una y otra vez aquí. Para eso lo mejor es no repetir el camino. Ale, ya he soltado la tonteria de hoy. Es que no tengo experiencia en esto de los blogs...